domingo, 18 de octubre de 2015

053.- Maderas del oriente.

El Día de la Madre siempre despierta nuestros recuerdos, con los años se van desdibujando muchas cosas y uno pierde la tonalidad de la voz amada, no siempre aparece su sonrisa, o sus ojos lagrimosos, y también se pierde su olor.


Pero he aquí la conjunción de la memoria con el objeto, puesto que por años mi madre usó la esencia de Maderas de Oriente, una fragancia española que contenía flotando en el espacio de su frasco cuatro delgados listones de madera.
Había sido colocados evidentemente después del perfume y cuando se terminaba yo me esmeraba en sacarlo, y colocarlo luego en un pañuelo para llevarme su aroma.

No era fácil de conseguir, de las dos farmacias y perfumerías de Río Grande sólo estaba en la de San Juan, la Del Pueblo, y cuando se iba a comprar y no había te decían para cuando iba a llegar, y entonces se encargaba.

Para un día de la Madre, un Onomástico, el Cumpleaños, receta obligada Maderas del oriente.

El último frasco que dejó sin usar permaneció así años dentro de toilette, cómoda cono se le llamó con el tiempo. Un día lo quise abrir y la tapa negra estaba fundida al cuello del frasco.
Lo dejé donde no tendría que haberlo dejado y por algún motivo suicida rodo, cayó al piso que ya no era de madera, y se rompió: advertí su olor y me acerqué cuidando de no romper lo pequeños vidrios en que se había convertido el envase. Pedí que nadie lo limpiara de inmediato, y la fragancia duró varios días.
Cuando ya sentí que ya no estaba yo mismo retiré sus despojos, se perdía el aroma de mi madre.
En las revistas femeninas, más bien las ligadas a las labores aparecía la propaganda del producto; yo no conocí a nadie más que la usara, era el perfume de mi madre.






jueves, 1 de octubre de 2015

052.- Lanza perfumes RA TA PLÁN.

Era el tiempo aquel de los carnavales, digamos de los años 60, de los ¡ocho bailes ocho!

Allí no se podía hacer el juego del agua porque todo tenia cierto carácter refinado. Los pomos, las bombitas de agua estaban para la calle, para la chiquillada. En los bailes la concurrencia era más madura, o eran jóvenes seductores escondidos detrás de un antifas, al menos, cuando no disfrazados durante todos los bailes y descubierto recién en el último.

Eran espacios para el papel picado y la serpentina. Para las matracas y las cornetitas de papel que se estiraban al soplarlas y emitían un singular sonido a pedo.

Pero era también espacio para utilizar el lanza perfume. ¿Que olor tenían aquellos Ra Ta Plan que eran el articulo más caro de la artillería carnavalera? Algunos recordamos que inicialmente era un olor fuerte penetrante, pero después se mezclaba fácilmente  con el sudor que invadía a los bailantes y no eran fácil de sacar de la piel. No eran años de muchas duchas, ni de desodorantes, y dejaban en las víctimas de su uso un consabido olor a carnaval, que en muchos casos alteraba la resaca de bailes sumamente regados en alcohol.

¡Que no te vaya a entrar en los ojos el perfume del lanza perfume, era alcohol puro! Te irritaba por demás, y a las mujeres les desdibujaba el rimmel. Pero no eran años todavía de lentes de contacto.

Alguien descuidado veía caer su lanza perfume sobre el piso que si no era de madera se rompía en mil sobre la dura superficie, entonces había que suspender el baile en ese lugar -cosa bastante difícil porque la aglomeración era evidente- y barrer porque alguno se podía lastimar.

Después, al filo de los 70 apareció la espuma loca, la nieve artificial y todo  eso, dejando al lanza perfume para este museo virtual.

Pero alguien más nostalgioso que nosotros le escribió una melodía....



https://www.youtube.com/watch?v=85Mtn6bLHFs