domingo, 11 de agosto de 2013

25.2 Libro AVENTURA DE DOS NIÑOS PERONISTAS.

Subimos esta tercera parte de este singular libro en un día de elecciones, un día también político, un día cargado de esperanza para aquellos que no han caído en el fácil escepticismo de estos tiempos.
El libro comienza a desarrollar su relato y después tropezamos con un inconveniente.

A la mañana siguiente, Héctor y María se encaminaron hacia la escuela tomados de la mano.
Ambos parecían tristes, como si algo que pesaba en sus almitas detuviera la sonrisa de sus labios.
Una cuadra antes de llegar, el niño se detuvo; parecía haber tomado una resolución definitiva. Miró con fijeza a Mariquita.
-Mi papá es un descamisado –le dijo.
-¡Y el mío también!
-¡Ellos no tienen plata suficiente, y es por eso qu nuestras madres lloran!
-¡Ya lo sé!
-Bueno. Nosotros podemos trabajar para ayudarlos.
-¿Y Cómo? –interrogó la pequeña-. Somos muy chicos...

Y el inconveniente está aquí: UNA HOJA FUE CORTADA. Ya el libro en su tapa muestra que con lápiz se borró la palabra peronista convirtiendo a la obra en tan solo “AVENTURAS de dos niños!




....

Luego página cortada, la cual comienza: -No importa...  y del otro lado de se un dibujo.


Varios vehículos incendiados por el populacho ardían sobre el pavimento de la Avenida y de la calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen. Tropas del ejército cruzaban al trote hacia el paseo Alem, y racimos humanos convergían hacia la Plaza de Mayo al grito de: ¡Abajo la oligarquía!
Mariquita se abrazó a Héctor, temerosa:
-Tengo miedo... ¡Llévame a casa!
-Es que... no sé para dónde queda... –contestó el niño, casi lloroso.
Pero él era un hombre y no debía perder su aplomo. Ante todo, le cabía la inmensa responsabilidad de proteger a su compañerita. Estrechó los hombros de la niña con uno de sus brazos, y se refugiaron a todo escape tras una de las arcadas del Cabildo. Allí, por lo menos, hallábanse al abrigo de los tumultos y los incendios.
Toda la tarde permanecieron sentados en las gradas de la casa histórica atolondrados ante las dramáticas escenas que se sucedían. No conocían la ciudad y tenían miedo de ser arrastrados por el pueblo enloquecido.
Llegó la noche. Un agente de policía que los encontró en el mismo lugar, los condujo a la seccional cercana, donde los interrogó un oficial:
-Tú, ¿cómo te llamas? ¿Qué hacías en la Plaza en momentos tan peligrosos?
-Me llamo Héctor. Con María, mi amiguita, nos vinimos al centro a buscar trabajo. Lo que hemos visto nos ha dado mucho miedo, y queremos que nos lleven a casa.
Una hora después, los aventureros chicuelos caían en brazos de sus familiares, que ya desesperaban de encontrarlos.
 

Los padres de Héctor, presas aún de incontenible emoción, no pudieron regañar al pequeño por la escapada. Sólo atinaron a estrecharlo contra su pecho y a formularle preguntas relacionadas con lo que habían visto. El muchacho, trémulo todavía y muy contento de hallarse nuevamente entre los suyos, no alegó en su favor sino que habían ido a buscar trabajo. Sus manifestaciones dieron lugar a renovadas escenas de emoción. La madre, lleno el corazón de congoja, mezcló sus besos con las lágrimas.
-Hijo mío –díjole don Pepe, más tarde-, ¿qué quiere decir todo eso tan horrible que hemos visto? ¿Por qué la gente corría e incendiaba coches?
-Has presenciado una revolución, Héctor.
-¿Y qué es eso?
-Es un cambio de gobierno.
-¿Ese cambio de gobierno será bueno para nosotros, papá?
-Así lo creo, chiquito. Uno de los más graves males que ha tenido nuestro país, y que ha contribuido a este 4 de junio de 1943, ha sido la indiferencia culpable con que los hombres de los pasados regímenes descuidaron a su pueblo, a este pueblo trabajador y sudoroso que cimenta la grandeza de la patria. Su egoísmo, su sordera ante los sufrimientos de las clases humildes que, como nosotros, sólo tienen horizontes de lágrimas, han precipitado el drama que acabas de presenciar.
-Entonces, papá –preguntó Héctor-, esos hombres que corrían y gritaban cosas que no entendíamos, ¿son buenos?

-Por lo menos, era gente que estaba harta de vivir a la sombra en una nación donde el sol debe salir para todos.
-Ojalá, papá, que ahora ustedes puedan ganar algo más y que Mariquita y yo no necesitemos trabajar.

El padre besó al hijo, lo reconvino y le hizo prometer que nunca más volvería a salir sin permiso, pues es esa una falta grave que ningún niño debe cometer. Una vez que el bueno de Héctor lo hubo hecho, lo dejó en la cama con un beso, apagó la luz y abandonó el cuarto. 


martes, 6 de agosto de 2013

25.1.- Libro AVENTURAS DE DOS NIÑOS PERONISTAS

Seguimos presentando esta publicación partidaria de los años 50, en ella un prolijo diálogo de niños sirve al análisis del tiempo de cambio vivido.


-¿Qué dices? ¡A mí me parece que sí trabajan tanto, tienen que ganar mucho!
-Si, trabajan muchísimo, pero les pagan muy poco. Anoche escuché desde la cama una conversación. Papá le decía a mamá que, con lo que gana por quincena, no le alcanza para mantener la casa y pagar los remedios de abuelito. Hablaron mucho... Oí las palabras “injusticia”, “dolor” y “miseria”... ¿Tú sabes lo que quiere decir “miseria”?
-Yo, no.
-Mamá dijo que vivimos en la miseria y que ni siquiera tienen para comprarme un traje nuevo...
Mariquita se levantó con decisión.
-¡Voy a decirle a mamá que yo también quiero trabajar!
-No lo intentes... ¡Yo una vez quise hacerlo, y me retaron!
Hubo un largo silencio.
Los dos se quedaron mudos, embargados por una pena desconocida que ensombrecía sus corazoncitos infantiles. Entretanto, sus amigos de la calle seguían haciendo remontar el barrilete de flecos verdes y larga cola.

 

Aquella misma noche, el despierto Héctor se aproximó a su padre. Habían terminado de comer.
-Papá, tú trabajas mucho, ¿no es cierto? –dijo.
-Mira mis manos. Aquí está la contestación –y el obrero exhibió sus callosos dedos.
-¿Es peligroso lo que hacés?
-No, pero muy cansador. Acarreo bolsas a los barcos todo el día.
-¿Y son pesadas las bolsas, papá?
-Si. Setenta kilos, más o menos.
-¡Cómo tendrás los hombros!
-ya están acostumbrados, Héctor. Hace años lo hago, y creo que seguiré haciéndolo, si Dios quiere.
-Por todo eso que haces, que es tanto, te han de pagar mucho dinero, ¿verdad?
El padre muró al hijo con amargura y guardó silencio.
-¿No te pagan bien, acaso? –insistió el niño, observándolo detenidamente.
-¿Por qué me lo preguntas, hijo?
El chico, con cortedad, acarició al padre. Luego respondió, temeroso de incurrir en falta:
-Anoche mamá lloraba, y tú le decías que vivimos como unos “descamisados”. ¿Qué quiere decir eso, papá?
-Ser descamisado, hijo, es vivir como lo hacemos nosotros. Es tenerte todo el año con un mismo trajecito que, al cabo de muchos meses, está roto y gastado por todas partes. Es tener que andar cuidando el centavo para no quedarnos sin comer antes de la paga. ¡Es no poseer ni un cobre a veces para combar un remedio, y llorar de impotencia por las injusticias, día tras día!
Héctor quizá no comprendió del todo lo que había escuchado. No obstante, se dio cuenta perfecta de que en el alma de su amado padre se agitaba un drama y, sin palabras para responder, sólo acertó a besar la frente del obrero.
-¡Si yo pudiera trabajar”... –añadió tras una pausa.
-Todavía eres muy chico para eso. Ya tendrás tiempo para llenar tus manos de durezas y para sufrir apuros. Y ahora, querido, ve a dormir, que mañana tienes que levantarte temprano para ir al colegio.

Minutos más tarde, el niño se retiraba a su aposento. En la cocina, tomados de las manos, el cargador y su mujer no hallaban palabras que alcanzaran a expresar lo que les apretaba el corazón.

                                       ***

En el piso alto, la escena era casi la misma, sólo que allí, las carcajadas de un pequeño querube de ojos azules ponían un poco de luz en medio de tanta sombra.
El abuelo Nicola jugaba con Mariquita. Esta, roja de placer y sin aliento, cabalgaba sobre las rodillas del anciano entre risotadas y alaridos de susto.

-Más abuelito, más...! ¡Otro salto!
-Estoy cansado, chiquita... –replicó don Nicola.
-Si, nena –intervino la madre-. Ya es hora de que te acuestes. Vamos, dale un beso a tu papá y otro a tu abuelito, y a la cama.
Breves minutos después, Mariquita se dirigía a su dormitorio, cargada en brazos por la excelente mujer.
Se desvistió y procedió a rezar sus oraciones. La madre la arropó amorosamente, pero la niña, antes de que se marchara, murmuró:
-Mamita, hoy Héctor me dijo algo que no entiendo. Me contó que había visto a su mamá llorando y que el papito hablaba de “miseria”. ¿Nosotros estamos igual que ellos, mamita? –y sus ojos inocentes se clavaron en los de su madre a través de la penumbra.
-Nosotros somos obreros igual que los padres de Héctor –fué la respuesta.
-Y los obreros, ¿no son ricos?
-Solamente en esperanzas, queridita...
-Y si los obreros son tan pobres, ¿no hay nadie que los ayude? ¿No hay nadie que les tenga lástima?
-No, Mariquita. Nadie.
Y con esta apesadumbrada réplica, la madre apagó la luz del cuarto.
La niña quedó sola. Pensativa, con los grandes ojos muy abiertos, fijó su mirada en la figura de un Cristo que se dibujaba sobre la pared.

 




domingo, 4 de agosto de 2013

25.- Libro AVENTURAS DE DOS NIÑOS PERONISTAS.




Daniel "Jackie" me acercó el ejemplar de AVENTURA DE DOS NIÑOS PERONISTAS, escrito de de Diez Gómez que se corresponde con toda una etapa de propaganda de la gestión política, que coincide con el momento de ascenso y plenitud del primer peronismo.

La obra integra la biblioteca infantil "General Perón" y lleva ilustraciones de Francisco Dinard.

Por limitaciones del soporte -y tal vez solamente de nuestra habilidad en su manejo- es que realizaremos transcripciones del mismo aportando en cada entrada a nuestro Museo Virtual novedades con respecto a esta singular edición.



EN UNA CALLE DEL LABORIOSO BARRIO DE Barracas, en medio de fábricas bulliciosos y altas chimeneas, se levantaba una modesta vivienda de dos plantas, de plomizas paredes de cinc y destartalada escalera habitada por dos familias obreras, conocidas en la zona y muy estimadas por el vecindario.
En las habitaciones altas vivía don Agustín, peón de una fundición próxima, con su mujer Catalina, una hijita graciosa e inteligente de nombre María y el viejo Nicola, padre del cabeza de familia y, por consiguiente, abuelo de Mariquita.

Era una familia sumamente unida. No había hora en que no se escuchara, en lo alto, la risa de la niña o la charla amable de los demás, festejando sus ocurrencias.
Don Agustín, el obrero, se levantaba todos los días al  amanecer. Luego de tomar el desayuno preparado por la esposa, besaba a Mariquita, daba al anciano una palmada cordial en la espalda y se encaminaba hacia la fundición, en la que hacía su entrada en el preciciso instante en que la estridente sirena llamaba a todos a la diaria labor.
Mientras el buen hombre cumplía su tarea en la sala de máquinas del establecimiento, la madre, solícita, preparaba a su hijita para que fuera a la clase. No se le escapaba detalle, procurando que llevara el delantal bien planchado, la cara limpia, el cabello liso y los útiles prolijamente colocados dentro de la cartera.
A las ocho en punto partía la niña. En la puerta aguardaba a su compañero de banco –un simpático chico del que hablaremos en seguida-, y juntos machaban calle arriba.
En el piso bajo de la misma casa habitaba otra sencilla familia de trabajadores, integrada por un matrimonio y un niño.
El hombre realizaba faenas de cargador en el puerto de la Capital, faenas para las cuales es necesario gozar de salud y fuerzas.
La mujer lavaba ropa para afuera tres veces por semana con el objeto de ayudar a pagar los gastos del mes.
También era éste un hogar tranquilo. Tanto don Pepe, el padre, como doña Elisa, la madre, y el pequeño Héctor, batallaban duramente para poder mantener la casa y equilibrar el presupuesto familiar.
Héctor era el niño a quien esperaba Mariquita en la puerta para juntos marchar camino de la escuela.
Ambos niños se habían criado en la misma casa. Las dos familias se hallaban unidas por fuertes lazos de amistad, y por ello no es de extrañar                       

 que Mariquita y Héctor crecieran como hermanos, jugando desde la mañana hasta la noche en la escalera que conducía al piso de arriba u organizando ruidosas reuniones callejeras en compañía de otros chicos.
María era de carácter tímido. Héctor, en cambio, atrevido y resulto, llevaba la iniciativa en cuanta travesura iniciaban. Todas, invariablemente, se veían coronadas por las reprensiones de los padres y el llanto de los autores.
En la escuela ocupaban el mismo banco y estudiaban cabecita con cabecita. En la habitación de María hacían luego los deberes y, a la hora de dormir, no podían separarse sin un abrazo y un cariñoso “hasta mañana”.
Sentados ambos en el umbral de la puerta de calle, miraban una tarde cómo otros amiguitos remontaban un barrilete. De súbito, Héctor se encaró con su amiga y preguntó, con gesto de gravedad fuera de lo común:
-Dime, Mariquita: ¿tu mamá llora a veces como la mía?
-¿Por qué me lo preguntas? Algunas veces la he visto muy triste, pero no sé la causa.
-¡Yo sí la sé! –replicó el niño con suficiencia-, ¡Tu mamá y la mía lloran porque no les alcanza la plata que ganan nuestros padres!



miércoles, 30 de enero de 2013

24. Trompeta..

 Domingo Jesús Grao Wilmes atesora de su tiempo juvenil esta trompeta que perteneció a la banda de la Escuela Agrotécnica Salesiana, en los días que fuera dirigida por el maestro Andrés Cosio.

 En ese establecimiento de la Misión Salesiana Domingo aprendió la ejecucción de este instrumento y fue por los años 60 un dinmámico integrante. Su labor no se interrumpiría definitivamente pues con los años le tocó desempeñarse utilizando un instrumento similar en la banda que en la Municipalidad de Río Grande dirigiera el maestro Carlos Gómez.

 Un día le llegó la noticia que en la vieja escuela estaban por desprenderse de instrumentos que pertenecieron a aquella añorada banda, y dio con uno que b ien pudiera ser el que utilizara en sus tiempos escolares.
La trompeta tenía polvo de tiempo y "clambres" propios de su falta de uso, pero la solución puede estar cercana si lo lleva a Buenos Aires donde todavía hay gente que sabe reparar y mantener estas piezas de ébano.
Mientras tantos antiguos visitantes, o nuevos, a su lugar de trabajo se maravilla de verlo allí.., y de ser el disparador de tantas conversaciones y algunas promesas: como la de escribirnos una semblanza de lo que fue la antigua banda.

sábado, 22 de diciembre de 2012

23. Italpark, de colección.

 Fernando Gugliottella se nos presenta en su nueva faceta -para nosotros- como coleccionista. Y en un momento en que ha ampliado sus estanterías nos hace viajar con estos objetos a un espacio ya perdido en Buenos Aires, donde se vivían momentos de ilusiones. El recordado Italpark.


El Italpark f se encontraba emplazado en donde Avenida del Libertado y Callao, donde funcionó por tres décadas supliendo en mentas al no menos famoso Parque Japonés.


Fue crerado en 1960 por la familia Zanón, de origen italiano, en una superficie de 45.000 metros cuadrados. Poseía unos treinta y cinco juegos electromecánicos de origen italiano, con lo que se armaron unos veinte stands..

Atactivos inolvidables: los autos chocadores, el tren fantasma, la montaña rusa. Para los 80 esta última fue reemplazada por una holandesa que resultaba ser la más alta de Amércia del Sur; al año siguiente se incorporarían juegos de alta velocidad y cierto riesgo.

El paque comenzó a ser noticia por circunstancias policiales, incendio en algunos juegos, heridas en los concurrentes, hasta que el 29 de julio de 1990 la fatalidad resultó alarmante:






"Uno de los carros del Matter Horn se desprendió e impactó contra las rejas de contención perdiendo la vida Rozana Celia Alaimo de quince años, y produciendo herida a Karina Benitez, una amiga" Esta circunstancia llevaría a la clausura del predio, y su posterior cierre.

Pero estas circunstancias triste no consiguen aminorar los recuerdos de tantos que encontramos en aquel Italpak, visita obligada al pasar por la Capital Federal, momentos de diversión y fantasía.
Fernando atesorá de aquel lugar y aquel tiempo: un cospel, un llavero de souvenir, y un talonario que nunca se alcanzó a usar.

Para los curiosos les sugerimos este salto:

Habitantes de Buenos Aires

martes, 27 de noviembre de 2012

22. Fonógrafo de Edison

   

 Santiago José Politano nos muestra su joyita de colección: el gramófono que fabricara hace más de un siglo Tomás Alba Edison.
 


 
Desprovisto de su bocina se aprecia el cilindro que permitía el registro de la voz, sobre una superficie de estaño.


Santiago nos trajo un grabador más contemporaneo, como para apreciar el tamaño de este artefacto pionero. Su grabador a cassettes fue adquirido por su madre al filo de los setenta.

Nos ilustramos sobre los orígenes de este artefacto:

El fonógrafo fue uno de los primeros aparatos inventados para el registro y reproducción del sonido. Elaborado en 1877 por Edison, está constituido por un cilindro de metal recubierto por papel de estaño, sobre el cual se apoya una sutil punta de acero colocada en el centro del diafragma. Si se habla delante del diafragma, la energía sonora de la voz la hace vibrar y transmite las vibraciones a una aguja de acero. La aguja traza sobre el estaño un surco continuo helicoidal, que contiene todos los caracteres distintivos del sonido inicialmente producido delante del diafragma: la intensidad se refleja en la profundidad del surco, la altura en el número de incisiones por unidad de longitud y el timbre en la forma del surco. Las grabaciones del cilindro, puesto en movimiento de la forma adecuada una vez terminado el registro, inducen vibraciones sobre la aguja que, a su vez, las transmite al diafragma reproduciendo el sonido registrado. En la imagen, uno de los fonógrafos portátiles producidos por Edison.


 Ls marcas empresariales aparecen registradas en una placa inserta sobre la madera del fonógrafo.




Y ciento fileteado, presentado como marca, tiene cierta analogía a lo que podría ser la firma del gran inventor.

Mientras que aquí "la lectora" se presenta en uno de los extremos del brillante cilindro.


Ya al final dejo mi grabadora digital, al lado de lo que sería, con estuche y todo, su ilustre tatarabuela.


Un aporte movedizo sobre este singular aparato.



miércoles, 19 de septiembre de 2012

21.Bolitas.




Marcial Fermín Gutiérrez se fue a estudiar a la universidad y dejó -para que mantuviéramos intactas- un conjunto de pertenencias. Entre ellas sus bolitas en este frasco.



En algún momento yo también tuve las mías, en una envase oscuro de Tody, sin tapa. Envase que el tiempo se llevó, lo mismo que su contenido.
Las bolitas de Marcial lo siguen esperando en una envasa ultrahermético que antes destináramos a conservas.
Las bolítas, juegos infantil y masculino, permitía una recreación de patios y veredas; daba cierta idea de acumulación de fortuna, y generaba habilidades manuales ligadas a lo que hoy llamaríamos motricidad y buena vista.
Permitía al mismo tiempo generar valoraciones subjetivas. Porque había bolitas que eran de la suerte, y otras campeonas -con las cuales nunca se perdía-, al mismo tiempo que para ciertas partes del juego se usaba alguna con la que se tenía, por ejemplo, tanteado el hoyo.
Por eso en algunos casos se jugaba con la seguridad del cambio, para no tener que entregar las preferida en el momento de una pérdida; y en otros casos se trabajaba sin red, se corría ese riesgo, se experimentaba la adrenalina del momento, y si se perdía..., se volvía a casa con un tango en el alma.
Había bolones y bolitas, lo diferenciaba el tamaño, estaban las lecheras -generalmente blancas- y las chilenas que en Chile le llamaban universo pero que en el norte se conocían como japonesas.
Los pantalones de antes permitían llevar en los bolsillos un buen puñado de bolitas, y dejaban en otro bolsillo el lugar para las que se iba ganando.
Prové como sería ahora con estas bolitas que Marcial nos dejó al resguardo y ya no estoy preparado para jugar: en un pantalón el bolsillo es estrecho y molesta en la pierna, en el joggin entran pero por su peso se afloja el elástico de la cintura.
Dolina escribió hace muchos años, en la Humor del tiempo del proceso, sobre el misterio de sobre el detino de tantas bolitas que tuvimos, y que ahora han desaparecido.
Fernando Tropea siempre nos recuerda que en su pueblo: San Jorge, está la única fábrica de bolitas del país..., será una de estas que mostramos en la tercer foto identificada como "leprosa"?
Las bolitas con el tiempo de cachaban, de tanto chanti -choque-, se hablaba entonces que estaban picadas, y a la hora del canje o del pago valían menos. A esta edad que comenzamos a andar cachados físicamente, nos compensa la juventud de nuestros recuerdos.





Crónicas del Ángel Gris – Por Alejandro Dolina
Resulta difícil hablar sobre la desaparición del juego de la bolita sin entrar en espinosas controversias. Desde luego se trata de un asunto complejo y puede ser examinado según criterios muy diferentes.
Las personas sencillas afirman simplemente que se trata de una decisión de los chicos, arbitraria, inexplicable y por lo tanto indigna de ser discutida.
Los psicólogos, antropólogos, electrotécnicos y aun los contadores suelen llamar la atención sobre la influencia de otros entretenimientos de emoción mas sostenida, como la televisión, el billar japonés, el cerebro mágico o las palabras cruzadas.
Los Refutadores de Leyendas niegan que haya existido jamás un juego semejante y se oponen con argumentos inexpungables al mito de la vieja niñez romántica.
Por el contrario, los Hombres Sensibles aseguran que la desaparición del juego de las bolitas es el resultado de una conjura universal.
Este punto de vista es muy interesante y vale la pena elucidarlo.
En su monografía Faltan Bolitas, el pensador de Flores, Manuel Mandeb, plantea un interrogante que nos deja perplejos. Veamos.
“… Este juego parece haber empezado a languidecer en 1960. Pero puede afirmarse que en ese momento ya hacia por lo menos cincuenta años que se jugaba. Entonces había veinte millones de habitantes en el país, y no era demasiado audaz afirmar que, en el medio siglo de su auge, el juego de la bolita había sido practicado por diez millones de individuos en uno y otro momento de sus vidas. Ahora bien: cuantas bolitas poseía cada niño aficionado, como promedio? Digamos cincuenta. Multipliquemos: cincuenta por diez millones. Son quinientos millones de bolitas. Bien, volvamos al presente: alguno de ustedes ha visto una bolita en el último año? Seguramente no. Yo pregunto: donde están los quinientos millones de bolitas? Quien las tiene?
“Y no me digan que el tiempo las destruyo porque el viento y la lluvia no son suficientes para destrozar una bolita…
“…Las canchas han sido arrasadas y hasta pavimentadas, los hoyos fueron rellenados, los jugadores se han visto tentados por otras disciplinas. Alguien esta borrando todo vestigio del paso de las bolitas por esta tierra…”Inspirado quizás en el trabajo de Mandeb, este texto pretende asentar las reglas, la técnica y la estrategia de las bolitas. La tarea no es tan fácil como parece. A favor de la campaña desarrollada por los Refutadores de Leyendas y Los Amigos del Olvido, casi nadie recuerda los reglamentos.
Por lo demás, todos sabemos que en cada cuadra había matices en la interpretación de cada norma lúdica.
No obstante, luego de la publicación de esta nota, es probable que algún pequeño número de Pibes Sensibles se ponga a jugar, aunque más no sea a modo de desplante ante el Universo.

I- LAS BOLITAS
Se trata de pequeñas esferas, casi siempre de vidrio. Su diámetro es variable: las mas chicas se llaman “piojos” o “pininas”, las medianas son las mas frecuentes y están también las grandes o “bolones”, que suelen utilizarse en el juego del Triangulo.
Años atrás podían reconocerse diferentes pelajes de bolitas.
Las mas hermosas eran las “lecheras”. En ellas predominaba el blanco, siempre mezclado con algún otro color. Eran semiopacas, no se podía ver a través de ellas y la variedad de diseños y combinaciones era enorme. Estaban también las semitransparentes, de colores fríos, casi siempre verdes o azules. Eran como cachos de sifón. En el interior a veces se adivinaba un filamento gelatinoso y más bien repugnante. Salvo excepciones, eran unas bolitas de porquería. Sin embargo, la última generación de niños jugadores solo conoció esas bolitas.
Las lecheras desaparecieron misteriosamente. Miles de personas jamás han visto una. Las mas recientes son las llamadas “bolitas japonesas” mas livianas que las convencionales, y totalmente inútiles para jugar.
Su aspecto es el de una esfera transparente con un papelito de color en su interior. Todo niño poseía una bolita preferida, que era la que utilizaba para jugar. Se la llamaba “puntera”. El resto de las bolitas servia para pagar las deudas provenientes del juego. Si acaso una racha adversa obligaba al niño a entregar la puntera, se le otorgaba a esta noble bolita el valor de cuatro o cinco.
También pueden citarse, como curiosidad, las bolitas de barro, los aceritos y hasta las de plástico (indefectiblemente ovaladas).
La identidad de los fabricantes de bolitas es un enigma. Nunca hubo marcas, ni envases ni publicidad. Algo muy raro debe haber en todo esto.

II EL JUEGO DEL HOYO Y LA QUEMA
Pueden participar dos o mas jugadores, El juego tiene lugar en una cancha de unos 5 metros de largo por 2 de ancho. La superficie de este terreno debe ser de tierra, pareja y árida, tal como la de las canchas de bochas aunque no tan blanda.
Es de buen gusto que un pequeño árbol se situé en uno de los costados. En realidad, los mejores lugares para instalar canchas de bolitas son los rectángulos de tierra que existen en las veredas del Gran Buenos Aires. En la Capital, como se sabe, las veredas llegan hasta el cordón y los espacios sin baldosas que rodean a los árboles son insuficientes. Por eso los chicos de la Provincia han sido siempre más diestros en este juego. Hay cuatro líneas que limitan la cancha y una que la divide en dos, llamada “mita”. En el centro exacto de una de esas dos mitades, se encuentra el hoyo. Y aquí nos topamos con otro punto de discusión. Algunos prefieren excavar el hoyo con una chapita de naranjin. Otros entierran una bolita y, después de extraerla ensanchan el crater resultante. Los más desaprensivos clavan el taco en la tierra, y lo hacen girar, obteniendo de este modo enormes cacerolas que desvirtúan el carácter del juego.
Los jugadores se sitúan detrás de la línea de salida, que es la línea más corta más lejana del hoyo. Uno a uno van lanzando sus bolitas, tratando de colocarlas en el lugar más cercano al citado agujero. Esto es de capital importancia, pues después del tiro de salida, el primero en jugar será quien se encuentre más próximo al hoyo. De este modo, si uno observa que el jugador anterior ha conseguido arrimar demasiado bien, mejor será que no trate de superar esa marca y busque los lugares más seguros de la cancha.
El objeto del juego, aclaremos, es embocar en el hoyo y hacer impacto en las bolitas de los contrarios (“quema”). Los jugadores “quemados” van egresando del juego y pagando a quien los quemo. Cuando queda solamente uno, termina la ronda y comienza otra.
Cada participante va evolucionando con su bolita conforme a una cierta estrategia. Algunos persiguen a su presa y se van acercando cada vez mas, aun a riesgo de quedar ofreciendo un blanco fácil. Otros buscan siempre los lugares lejanos y hacen tiros largos (es decir “rugen”). Si una bolita sale fuera de la cancha debe permanecer en el lugar donde ha quedado para que los otros jugadores le tiren, si así lo desean. Al corresponderle nuevamente el turno, el jugador podrá efectuar su tiro desde cualquier punto de la línea atravesada por su bolita al salir.
III LA BOLITA Y EL CANTO
Para obtener prioridades y anunciar decisiones o reclamar la vigencia de ciertas reglas es necesario -en la bolita- pronunciar a voz en cuello algunos conjuros predeterminados.
Veamos una pequeña colección de ellos. “Bolita cola”: es en realidad la invitación o desafió a jugar y también la reserva del privilegio de tirar ultimo. También puede decirse “Bolita cola, no puntie”, esclarecedora frase que indica que uno no tiene intenciones de someterse a ningún “punteo” o arrimada previa, para establecer el orden de salida.
“Mita al medio, buena al tiro”: canto que solo puede realizar el que tira ultimo en la salida. Si el tipo considera que alguno de sus rivales esta demasiado cerca del hoyo, le suelta el canto y le da el hoyo por embocado. Pero -eso si- lo obliga a poner su bolita en la mita, expuesta a su disparo inicial.
“Buen repe”: ante la proximidad de la pared, se grita este conjuro para indicar que si el impacto se produce de rebote, también será valido. El canto contrario es “mal repe”. “Pica paso”: declaración de voluntad que asegura la posibilidad de colocar nuestra bolita a un paso de distancia, si un pique traicionero la pone a merced del rival. Algunos niños tahúres suelen retrucar “de hormiguita”, para reclamar que el paso sea pequeño. “Voladora”, agrega, entonces el primer niño. Y se manda un paso de cuatro metros. También puede aullarse “pica no paso”.
“Cuantas quiera”: Como el jugador que emboca en el hoyo o realiza una quema vuelve a tirar, muchos niños proceden a sacudir tres o cuatro quemas seguidas a la misma bolita, con el fin de irse acercando a otros objetivos. Para poder hacerlo debe pronunciar las palabras que encabezan este fragmento.
“Corta, retira no garpa”: salvedad con que el pequeño que va ganando anuncia su derecho a abandonar el juego en cualquier momento, sin que este raje le resulte oneroso.
“Bien sonati”: exigencia mas bien ranfañosa, según la cual se pretende que los impactos hechos en nuestra bolita hagan ruido o no se paguen.
“Mueve pajita, garpa bolita”: pareado pentasílabo que es de lo ultimo y se profiere cuando la bolita contraria esta en medio del pastito.
Existen infinidad de formulas “buena línea recorrida”, “hoyo antes de quema”, “buena mengua”, etc. Cuando se quieren evitar los recose que provocan estos cantos, se juega “a todas buenas”, es decir, sin cantar.
IV COMO EMPUÑAR LA BOLITA

Para efectuar el disparo, debe colocarse la mano izquierda alzándose sobre sus dedos en el punto exacto donde estaba la bolita. La mano derecha descansara sobre la izquierda y empuñara la bolita. Los zurdos harán exactamente lo contrario.
Hay dos formas clásicas de tomar la bolita: la antigua, despreciada muchas veces, y la moderna. En la primera la bolita se aloja detrás del índice. En la segunda, detrás del mayor, sirviendo el índice como guía o mira.
Hay algo más. Algunos pibes muleros suelen extender la mano hacia adelante acercándose a la bolita del adversario. Esta demasía se conoce con el nombre de “ganfia o gañote” y es el origen de innumerables reyertas.
En este punto conviene aclarar la existencia de otros juegos de bolita:”el triangulo, el gayito, la troya, la cuarta”. Pasaremos por alto la complicada explicación de sus reglas.
El pasto ya ha crecido sobre las canchas. Los chicos ya no tienen las rodillas sucias. Los pantalones de medidas infantiles no tienen bolsillos.
El pavimento y las baldosas lo cubren casi todo. Mandeb quizás tenía razón.
Existe una conjura universal para impedir el juego de la bolita.
Alguien tiene que ocuparse de indagar las razones de este complot y -si es posible- desbaratarlo.
Y hay que encontrar los quinientos millones de bolitas perdidas.
Hace pocos días, el autor de esta nota trato de dar con el frasco donde guardaba unas pocas docenas. No estaba. Tampoco estaba la caja de las chapitas, el álbum de figuritas ni el trompo ni los autitos con masilla. Algo malo debe estar ocurriendo.

Tinka de Santa Fe.

La firma de San Jorge tiene su espacio en internet en el que solicita la compra de vidrio opalino, pagando precios únicos en el mercado, abunda en detalles de un rico catálogo. y luego se remonta a 1953 para detallar la historia empresarial.
Corrían los primeros meses del año 1953 cuando dos empleados de la famosa cristalería SAICA instalada en San Jorge provincia de Santa Fe solicitan un permiso gremial de un mes con la loca idea de comenzar con la instalación de una fábrica de bolitas de vidrio, cuentan en ese momento con la experiencia obtenida dentro de la cristalería donde fabricaban una pequeña cantidad.
Nada de dinero pero una tremenda ilusión, aquellos osados emprendedores fueron Victor Hugo Chiarlo y Domingo Vrech, al finalizar el mes vuelven a su trabajo donde son invitados a elegir a seguir con sus tareas habituales o retirarse definitivamente a continuar con su proyecto, siendo ésta alternativa la que deciden hacer aquél momento.

En la búsqueda de financiamiento y mercado era la idea gestada viajan en tren a la ciudad de Rosario, luego de varias reuniones un señor de distribuidora Rigolleau les entraga una tarjeta personal y les recomienda dirigirse a conversar con el señor Juan Manavella gerente de la firma Manavella y Cía. S. R. L. (únicos fabricantes en Sudamérica de bolitas de mármol por aquel entonces) quien desde un principio muestra interés por la propuesta. Luego de un amable diálogo les solicita que le envíen muestras comprometiéndose a que en caso de gustarle analizarán firmemente que tipo de relación entablar para desarrollar la idea.


Regresan a San Jorge donde fabrican las muestras que gracias a Dios son aceptadas y firman un contrato el cual los obliga por el espacio de seis meses entregar toda la producción a la firma mencionada a cambio del dinero recibido para instalar la tan ansiada fábrica, el día 15 de octubre de ese mismo año hacen la primera entrega, la cantidad que fabricaban es ese entonces era de aproximadamente 12000 bolitas diarias.


En el año 1956 se retira de la sociedad el señor Vrech e ingresa a la misma Ricardo Reinero, quien contaba con una pequeña experiencia en el manejo del vidrio pero mucha en todo lo que se refiere a la industria metalúrgica un verdadero artesano del hierro, la sociedad continua la labor y en el año 1960 ingresa a la sociedad Ángel Albino Chiarlo hermano menor de Víctor, la firma sufre vaivenes porque hay períodos donde Víctor y Ricardo se retiraron de la misma pero ya consolidados a partir del añoi 1964 continúa la fabricación de la preciada esfera, siempre en la búsqueda de incrementar la producción y mejorar la calidad del producto, diversas máquinas de fabricación casera se han utilizado llegándose a producir unas 6000 traviesas por hora.

En el año 1993 se produce la lamentable pérdida de Ricardo Reinero tomando su posta su hijo Juan Miguel.
Corrían los primeros meses del año 1995 cuando se le compra al señor Cheen Fu Cheen (de origen Taiwanés) una máquina procedente de aquél país oriental que eleva la producción a 8.500 por hora, algunos años después se compra una máquina del mismo origen para la fabricación de bolones en una cantidad aproximada de 3.800 por hora, hoy con dichas máquinas y el ingenio argentino se fabrican 400.000 bolitas diarias

Hoy 30 de diciembre de 2016 agregamos como regalo de fin de años, una foto de ERNESTO IPAS, titulada Juagando en el patio.