Alfredo Dámaso Vargas llegó a la Tierra del Fuego hace cincuenta años.
Lo hizo para cumplir tareas en la Policía Territorial Fueguina, habiendo sido contratado a tal fin en su provincia de Corrientes.
Si bien entró por Ushuaia muy pronto incursionó en el norte fueguino, tuvo distintos destinos en destacamentos rurales -Radman y Los Cerros- hasta que al formar familia fue acercándose a Río Grande: primero al puesto José Menéndez -cuando estaba abajo del puente, luego en la ciudad instalándose definitivamente en la calle Guaraní.
Con su esposa, que también vino de Corrientes haciendo íntegra su carrera policial tuvo tres hijos, uno de ellos -Walter- se retiró como Comisario Mayor ejerciendo la jefatura de la repartición.
Dueño de amplios recuerdos, y toda una alegría de vivir, cumplirá Alfredo 74 años el próximo 11 de diciembre. Desde 1991 se retiró de la repartición con la que se encuentra unido de cuerpo y alma.
La tarde del Día de la Bandera nos encontramos en su casa, y hablamos fundamentalmente de su condición de chofer policial, vinculando la zona rural con sus complejidades de comunicación, más que delictivas.
Allí puso en mis manos esta documentación de su llegada a nuestro territorio, cuya primer imagen es la que corresponde al frente del pasaje naval que le fuera otorgado para cumplir la travesía. El buque traía turistas, y ellos -los chaqueños, los correntinos por separado- viajaban en segunda, en camarote venían 200 conscriptos para la armada, El viaje que hacía escalas en la costa patagónica demoro quince días.
Por dentro venían las condiciones del viaje, y la referencia que identificaba al pasajero y la forma en que el estado se hacía cargo de su traslado.
Una carta le comunicó oportunamente a Vargas con las situaciones en las que se vería enfrentado.
La recomendación de venir abrigado dio lugar a múltiples anécdotas, Alfredo recuerda que con él venía Ángel Eduardo Acosta que lucía una gabardina con marca Poliester Elefante Nlanco, lo que llevo a que el correntino llevara por años ese sobrenombre Elefante Blanco.
Acompañamos esta documentación con una foto de época de nuestro donante, la que lucía en el carnet de condutor 2425 expedido por la Municipalidad de Río Grande.
martes, 21 de junio de 2016
domingo, 19 de junio de 2016
061,. CORBATAS.-
Era el momento
indudable en que mi padre se disponía a salir de casa cuando se colocaba la
corbata y ajustaba el nudo frente al espejo.
El espejo era
redondo y lo utilizaba para afeitarse. Para eso lo elevaba a su altura. Mi
madre lo invitaba a que usara el de la cómoda, para lo cual tenía que
agacharse, o el de “la nona”, que estaba guardado en una pieza que servía de
depósito.., porque según ella uno debía verse de cuerpo entero antes de salir.
Y la corbata podía desentonar con el resto de la vestimenta, o con el momento
que se iba a vivir.
Papá tenía una
corbata negra para los funerales, y varias para todos los días, en las fiestas
era otra cosa.., alguna más informal, multicolor, brillante, y llegada alguna
fiesta podía recibir otra corbata de regalo.
La imagen superior
muestra las tres corbatas que me han quedado del vestuario de mi padre.
La inferior muestra
una de ellas con su marca, creo que se compraron en la Tienda Buenos Aires.
Yo también comencé
con esto de las corbatas siendo muy niño, tal vez antes de ir a la escuela. Mi
corbata era escocesa de fondo verde con vivos rojos y blancos, vaya a saber a
qué clan pertenecería. Como era para un niño, supuestamente poco hábil, se
ajustaba con una elástico y pequeño gancho. Más tarde vinieron otras, que
formaron parte de la exigencia del uniforme en la escuela secundaria. Creo que
por influjo de los Beatles pasamos en la pubertad a usar corbata delgada, y al
final de la adolescencia las corbatas se ensancharon y por influencia hippie
aparecieron algunas con estampados búlgaros.
Mi foto de ingreso a
la universidad me muestra con una corbata de un ancho fuera de lo común, poco
después fue común que en los casamientos en novio luciera amplio corbatón de
seda.
Por esos años mi
padre por razones laborales dejó de usar la corbata cotidianamente y cuando se
hizo cargo de la conserjería del Atlántida y volvió a usarla fue un motivo de
alegría para mi madre, creo que se conformó con eso más que con la remuneración
que percibiría.
Hasta entonces la
corbata había sido par él prenda dominical. Los sábados peluquería, el domingo
camisa blanca y corbata, aunque tuviera que quedarse en casa.
Hacer el nudo de la
corbata era una suerte de superación, un ascenso a la condición masculina más
elevada.
Durante mucho tiempo
me tomó examen para ver si había aprendido de su mano, y en su cuello.
Tendría una docena de corbatas cuando nos enteramos por la revista Gente que el presidente Lastiri tenía: ¡mil!
Cuando murió ya
vivíamos cada uno en su casa, y el trabajo cotidiano –encargado de un corralón
maderero- con tenía con pilchas más rudas; tal vez por eso dejó el nudo
corredizo en las corbatas que más usaba, la que sacaba con encima de su cabeza
y ajustaba cuando era necesario colocarla.
Tenía cierta
dificultad para elevar los brazos, productos de una fractura en omóplato y
clavícula que dejó sus secuelas, por lo le pedía a mi madre que “lo enlazara”.
Mamá solía comentar
que la corbata era un invento de los croatas –ella venía de esa raza- que la
usaban los hombres que iban a la guerra, que engordaban y les saltaban los
botones, y no tenían mujer cerca que se los cosieran, y por eso con una tira de
tela cubrían los faltantes adoptando con el tiempo colores diferentes según el
regimiento al que pertenecían.
En esos tiempos sin
internet mi madre tenía explicaciones para todas las cosas, algunas parecían un
tanto fantasiosas, cualidad que alguno en la familia parece haber heredado
Así quedo esta
corbata, -en la tercera foto- con el nudo nacido de las manos de mi padre, hace
algo así como 37 años, o más…. La tercera foto.
sábado, 21 de mayo de 2016
060.-Calentador de bolsillo.
Lo tengo presente en mi mas temprana infancia, nos estamos preparando para salir. Se que llevo mitones u pasamontaña gris que si bien no son de la misma lana hacen juego, llevo pantalones de paño y una campera con botones marrones. Mamá trataba de que también entrara una bufanda. No se a donde íbamos pero era importante, el frío no conseguiría detenernos. Mis zapatos son de caña alta y cuero engrasado, dejan ver las medias rombo. Afuera hay nieve.
Mi madre lleva unos zapatones de goma con cierre delantero, un reborde de piel los hace elegantes, usa medias gruesas, abrigadas, azules, de esas que venden las monjas. Llega una falda que le aprieta en la cintura, por eso la fija con un alfiler de gancho. Cuida que no se le vea la combinación. Se que viste una camisa cuadrillé, como de leñador, y sobre ella un jersey que le enviara de regalo
su hermana más querida. Se cubre con un chaquetón impermeable azul y en la cabeza saldrá con un pañuelo, una señora no puede salir con la cabeza descubierta. Se fijará que no le falte nada en su cartera, revisa el monedero, las billetera, unos papeles que indican que vamos a hacer un trámite y mirándose en un pequeño espejo que va anexo a una polvera, se retoca. Después saca el pequeño calentador de bolsillo, enciende la mecha azul, y lo coloca del lado derecho.
Ya podemos salir. En la casa crepita el calor de la leña en un octogonal, en la cocina arde el carbón que mi padre consigue de los barcos.
Si hay frío en el pueblo no hay frío en nosotros.
Conservo aquel artefacto metálico que nos daba un poco más de bienestar en el año 1959. Es de fabricación japonesa -de un lado se aprecia la desgastada inscripción de MADE IN JAPAN- y del otro resulta ilegible el número de patente. Mi padre dijo una vez, al tenerlo en sus manos, que era admirable como estaban saliendo los japos de la crisis de postguerra.
Mamá me contó que no lo usa siempre porque se sabe que fue un lejano regalo de un antiguo novio, ante papá nunca se recuerda este origen.
El calentador alimentado por alcohol tiene calor azul. Papá, cuando se lo enciende lo hace con alcohol de quemar, mamá cuando está solo lo hace con el medicinal que guarda en el botiquín de la casa.
Caminamos un par de cuadras y me quejo ¡Tengo tanto frío! Mamá saca el calentador y lo coloca en uno de los bolsillos de mi campera, campera que ella misma confección y a la cual llamamos la "motonetista".., yo siento vértigo de lo que puede ser andar velozmente en moto. Ninguna moto anda en ese momento por nuestras calles, pero mi corazón -tan cerca del calentadorcito prestado- ronronea como una máquina contenta y feliz.
martes, 26 de abril de 2016
059.-El sapo.
El primer Sapo
que recuerdo estaba en una galería del Colegio Ceferino Namuncurá, acudíamos a
él los jugadores de bolita y nos preguntábamos cuando podríamos incursionar en
las habilidades que el mismo nos exigía. Los curas eran remisos porque se recordaba
que en unos años anteriores alguien le habría propinado un fuerte golpe en la
cabeza con uno de los tejos de bronce a uno de los contrincantes.
Pero con la
llegada del padre José Forgacz se
liberalizó su uso, pero solo en los recreos largos o los días en que faltaba
una maestra, cosa que era algo muy extraño.
Un día le
hicimos creer a un grandulón que los tejos eran de oro, ese día cuando se
fueron a devolver faltaba uno.
Se nos requisó
exhaustivamente, hasta que se descubrió al pérfido rufián, que no contenía sus
lágrimas con la pieza de bronce bajo su lengua. ¡Se puso a llorar y dijo que en
su casa estaban pasando hambre mientras aquí, los curas, amontonaban oro para
ser usados en un juguete!
El segundo Sapo
estaba en casa de mi primo y padrino Oscar Martinovich, en isla Kruger, era un
envite a la precisión sobre todo cuando iba aumentando la ingesta de bebidas
espirituosas.
No es fácil
acertar con los tejos, el proyectil cae por un plano inclinado y se van sumando
puntos. Se tiene por lo general seis piezas para demostrar habilidad.
Los más difíciles
son el Sapo propiamente dicho y la máscara –también conocida como la vieja- de la pared del fondo del juego.
En Wikipedia se
dice:
Hay quienes le atribuyen el origen de este juego a
una antigua leyenda Inca. En esta cultura los sapos eran venerados por sus
poderes mágicos. En los días festivos se arrojaban piezas de oro en los lagos,
siendo que si un sapo saltaba y comía la pieza, este se convertía en oro y se
le concedía un deseo al tirador.
En homenaje a tantos deseos hechos realidad, el
Inca manda a construir un gran Sapu de oro, con el cual se divertía toda la
realeza. Era un juego de suspenso y destreza, donde la danza y la alegría se
mezclaban en un solo rito: PUKLLAY SAPU (jugar sapu). Desde hace tres siglos se
conoce en Francia, el juego llamado “Le Tonneau” que no es otra cosa que tonel
o barril, elemento que era utilizado para la estructura del juego. Liego el
juego comenzaría a llamarse “La Grenouille” (rana).
En el Perú y Colombia, los juegos carecen del
elemento “vieja”, que fuera introducido con el correr del tiempo en la
Argentina convirtiéndose en el objetivo más valioso del juego.
Las reglas son
variantes, según el acuerdo entre los jugadores. En algunos ámbitos sirve para
hacer apuestas, de dinero o más simples: como eso del que gana no paga la
bebida que consumió en la vuelta.
Hay un Sapo que está a la venta en la esquina
de Rosales y Espora, el comercio deportivo de Bocha Castellano, en tanto que es
objeto de atención este que pertenece al Centro de Jubilados Ley 244, tal cual
lo muestra su Presidente: Fernando Arturo Barría Osorio.
jueves, 31 de marzo de 2016
058.- Visión educativa
Se trataba de un juego eléctrico de carácter didáctico, mediante el cual se colocaba una terminal conectada a una pila que producía un contacto dentro de un circuito que sólo encendía la luz si el otro cable se colocaba en el espacio justo.
El profesor Miguel Elías Vázquez llegó a casa con este juguete que corresponde al tiempo de su infancia, pero luego vimos la pila moderna que me llevó a persar que no hace mucho ha estado jugando con él, tal vez en la infancia de las hijas.
He aquí una muestra de una de las láminas donde debía hacerse la conexión correcta. El esquema de contactos se repetían lámina a lámina.
La tapa en su parte interior muestra el modo de uso, y tambien la oferta de la firma sobre otros dos juegos similares: Chan el Mago que constesta, que me regalaron a los 7 años; y el mucho más difundido Cerébro Márgico. Pero no tenía nada de mágico, era un "juego científico"
Aquí se puede ver la portada dell "Cerebro" Y el interior del mismo.
viernes, 19 de febrero de 2016
057.-Perchero de oficina.
Ha perdido terreno con el tiempo. En lugares en los cuales se va abrigado al trabajo muchas veces se acude a la perchita, formando fila en una pared, o se dejan colgadas las prendas del respaldo de una silla,
Pero en otros años, donde tal vez los caballeros andaban de traje y sobretodo, le sombrero y paraguas, donde algunas prendas eran largas y en una silla arrastrarían por el suelo, es que se hacía imprescindible el uso del perchero.
El que fotografiamos se encuentra la la Planta Transmisora de LRA 24.
Es gemelo a uno que conservada en su despacho de Jefe de Coprreos, el recordado Oscar Muñoz, recientemente fallecido.
También se lo habrá visto a otros idénticos en diversas reparticiones públicas ligadas a las comunicaciones. Hemos rastreado recuerdos hasta los años cincuenta, cuando promediando los mismos dejo de proveerse como un insumo indispensable de oficina.
Construido en madera y piezas de bronce, no siembre se lo sigue usando, adquiriendo una función ornamental.
En casa, donde tenemos perchero metálico, esta pieza resulta una artesanía, que nos resultaría agradable conseguir.
Una idea para imitar, o adecuar, por parte de algún carpintero o artesano de la zona. ¡Se que no le faltarían clientes!
martes, 5 de enero de 2016
056.-.Recuerdos de un secuestro.
El día 28 de septiembre de 1966 el vuelo de Aerolíneas Argentinas que saliendo de Aeroparque debía de llegar a Río Gallegos fue intercerceptado con parte del pasaje que armado exigió a la tripulación cambiar rumbo a Malvinas.El operativo organizado por una agrupación nacionalista, más tarde identificada en algunos sectores por el peronismo proscripto, sería identificado como el Grupo Cóndor.
Entre los pasajeros viajaba una familia fueguina, parte de ella, integrada por los vecinos de Ushuaia: Luciano Preto, comerciante, su cuñada, Juana Brandani, y su pequeño hijo Daniel.
Los Preto han tenido que lamentar el fallecimiento a los 91 años de edad de la madre Doña Elizabeta que, si bien no viajó en este vuelo, conservó algunos elementos testimoniales de lo vivido.
Uno de ellos han sido los pasajes usados en aquella ocasión, pasajes que no llevaron a la familia al destino deseado sino a un sorpresivo y riesgoso aterrizaje en Puerto Stanley, y luego por mar a un retorno a Ushuaia a donde llegó el pasaje, la tripulación, y entre los responsables de este hecho que al ser el primero de piratería aérea en Argentina no tenía una legislación que contemplaras incriminaciones y sanciones específicas.

Los pasajes dejan ver el costo: 15.730 pesos moneda nacional, y el medio pasaje pagado por Daniel 7.875. También que fue adquirido con antelación -el 22- para que el día de aquel viaje cubrir los tramos hasta Gallegos y luego Ushuaia.
La experiencia inaugurada por el Grupo Cóndor ganó simpatizantes, como suele ocurrir en nuestro país con todo lo que sea reivindicativo de Malvinas; pero Daniel formó con los años una mirada severa sobre los hechos que tan pequeño le tocó protagonizar.
Respecto al tema Cóndor, seguramente mi papá, que entre otras virtudes tenía grandes condciones para ser un buen político, se refería al tema con más "serenidad" como bien decía. Muchas veces me quedo callado y me juro a mi mismo utilizar el Facebook para cosas alegres, deportivas o sociales, me prometo no opinar de política, pero Mingo, créeme que aveces exploto y pierdo lo poco político que heredé de mi viejo.
No me parece oportuno que la presidenta de los Argentinos en su discurso del 2 de abril reivindique un acto de piratería aérea, porque más allá de lo que pueda haber dejado ese momento es un delito grave.
Daniel encontró entre los papeles maternos este banderín del Bahía Buen Suceso, el transporte de la Armada que los devolvió a Ushuaia, donde aparecen firmas y dedicatorias del pasaje dedicadas a Don Luciano.
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