lunes, 19 de marzo de 2012

015. Cardadora de lana.

Máquina colchonera, de hierro y madera, destinada a cardar o escarmenar: es decir desapelotonar la lana de los colchones que después de cierto uso pierden volumen, y forma. .

El modelo fotografiado es el que se exhibe en Río Grande en la esquina de Rosales y Fagnano tienda Cardón, prolijamente pintada y aceitada en medio de indumentaria de corte criollo no tradicional.

El artefacto nos remonta a los tiempos en que los denominados colchoneros desarrollaban la actividad, tiempo presedente al de los colchones de material sintético, y donde cada cierto tiempo –aquí mediaban las condicones ambientales y la calidad del producto- el relleno interior de cada cama debía ser remozado.

Las colchones de lana fueron pediendo espacios a partir de los años 60, por la sustitución por el nuevo producto, aunque en un ámbito lanero, como era el de la Tierra del Fuego coexistieron un buen tiempo.

Aquel colchón antiguo, mucho más pesado, estaba confeccionado con un grueso cotí, tela rallada, cosida con recios hilos manejados con el artesano en la materia, con una aguja curva a la que se llamaba: colchonera.

En la tarea de mejorar el contenido lanar, apelmazado por el uso, había que coser y descoser, y tomar el contenido de lana y pasarlo por la trama de clavos del la máquina colchonera para peinar la lana que adquiría un tamaño mayor.

El muchas circunstancias, y sobre todo en otros ámbitos del país, el trabajo del colchonero se hacía a domicilio, lo que requería habilitarle un espacio puesto que la tarea al momento intermedio de la misma –cuando la lana había sido escarmenada- ocupaba un gran volumen.

La precariedad de espacios de la población local hacía en el caso de su artesano postrero –para el caso Don Juan Romano- este recibiera en su domicilio/taller los colchones que debía mejorar. Don Juan era exigente en el cumplimiento de los plazos, cuando se los llevaban, cuando los retiraban, puesto que el desarrollo voluminoso de la tarea le llevaba a ocupar mucho espacio del recinto que levantó a tal fin sobre el número 900 de la calle Fagnano.

“El colchonero empezaba desarmando un extremo del colchón, sacaba los bordes y luego los "botones". El paso siguiente consistía en sacar toda la lana de su interior, con la que hacía una especie de montaña al lado de la máquina cardadora. Manualmente la estiraba y la iba desmenuzando, operación que se caracterizaba por el desprendimiento de polvo y suciedad”.

Esa era la tarea universal del colchonero quien luego, sentado frente a esta máquina, utilizaba el sube y baja en balancín, con clavos en dirección contraria, para que –moviéndola de atrás para adelante, hacía salir la lana en uno solo de los sentidos, el opuesto al operador mecánico.

El trabajo de componer el colchón se acompañaba del lavado del cotí, que tenía las marcas, los accidentes de la noche familiar; antes de proceder a su relleno.
Un colchón merecía algún tipo de mejora en plazos superiores a los dos años. Es de hacer notar lo efímeras que se han vuelto las almohadas construidas con material artificial, para estimar la consistencia que adquirían los colchones laneros con el uso, aunque las almohadas tenían mayor durabilidad que las actuales. Las quejas comenzaban cuando –abajo del relleno- comenzaban a percibirse en el cuerpo del durmiente los elásticos de la cama.

Hoy por hoy las viejas máquinas de cardar, alejadas de su función para tener roles ornamentales, se ofrecen en el mercado de Internet en precios que varían entre los $500 y $ 600.

Algo más para decir

Elvecia Dalesandro ha recordado que su madre todavía hace cardar el colchón, que tiene 30 kilos de lana, y que en La Plata todavía hay un señor que realiza estos trabajos.
También me han dicho que en la confección de un colchón de dos plazas se utilizaban seis vellones de lana.
Y observado que la Cardadora aquí expuesta no tiene asiento para el cardador, como tienen otros modelos. A la postre el que presentamos aquí:

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