martes, 7 de febrero de 2012

014. Salsera de alpaca.


Este objeto, salvado de un naufragio, hoy pertenece a María Ester Subiabre quien la conserva en herencia de su madre -María Aguilar- la que lo recibiera, trabajando en Ushuaia, para la familia Simoncini.

En este caso nuestro Simoncini no es otro que el titular de la firma Salvamar -Leopoldo- que por los años 50 intentó rescatar al crucero Monte Cervantes siniestrado el 22 de enero de 1930 en el faro Les Enclereus.

La pieza en cuestión lleva en las iniciales la identidad de la nave que perteneciera a la Hamburgo Sudamericana, crucero alemán que eran atendido en Argneinta por la naviera Delfino. En lengua germánica Hamburg Sudamerikanishe Dampfschiffahrt Gessellshaft.
La salsera por abajo, la salsera por arriba.

Otras piezas que adornar las repisas de nuestra amiga mantienen la identidad del menaje de aquellos elegantes navíos.

Una azucarera, fácil de identificar en su función, otro artefacto del cual habría que averiguar su uso y destino. (Yo creo que es un elemento de coctelería)
María Aguilar conocería en Ushuaia a quien sería su esposo -Eduardo Subiabre- y con ello al tiempo se mudaría a Río Grande, con estos recuerdos.
María en la foto aparece con su hijo José:

El reciente libro de Adrián Gustavo de Antueno Berisso, tan documentado en imágenes, tiene una capítulo destinado a Los objetos del Monte Cervantes; pero no hay en ella elementos como los que alberga en la calle Perito Moreno la casa de María Ester.

Los objetos presentados por de Antueno son de reciente rescate del fondo del mar, aquellos otros fueron objetinos del trabajo sobre la nave cuando no se había sumergido. Son muchos los hogares de entonces que atesoran algo del Monte Cervantes, y deben haber salido de la misma manera muchos objetos fuera de la isla.

viernes, 27 de enero de 2012

013. Costurero


Propietaria inicial Alejandra Luna, del Barrio de Palermo en la Capital Federal. A su muerte en 1980, as la edad de 70 años su hija se lo regala a Balbina Juárez, la prima de la difunta

Es un costurero de pie estilo provenzal que mide 78 cm de alto y 37 de diámetro.
Le falta una bolsa que iba en el interior a manera de forro, el mismo tenía pequeños bolsillos donde se guardaban los carreteles de hilo, todos en forma individual.

Un costurero es una caja que contiene los materiales de costura.

Dice Wikipedia: "Los costureros tradicionales son cestas o cajas en los que se guardan agujas, hilos y otros utensilios necesarios para realizar labores de costura. La mayoría son ligeros y móviles pero históricamente han existido costureros fijos que constituían auténticos muebles compuestos de un recipiente que se asentaba sobre unas patas rígidas".

Parecido a este, o diferente, un costurero debe contener los siguientes elementos:
Botones.
Metro de hule, u otros elementos más modernos.
Carreteles o canutos de hilo.
Tijeras.
Dedal.
Aguas y alfileres.

Una conexión poética:

Es la que nos conduce a Evaristo Carriego, poeta de Buenos Aires que en su momento -1926- escribió este poema:

La costurerita que me dio aquel mal paso.


La costurerita que dio aquel mal paso...
-y lo peor de todo , sin necesidad-
con el sinvergüenza que no le hizo caso
después...-según dicen en la vecindad-

se fue hace dos días.Ya no era posible
fingir por más tiempo.Daba compasión
verla aguantar esa maldad insufrible
de las compañeras¡tan sin corazón!

Aunque a nada llevan las conversaciones,
en el barrio corren mil suposiciones
y hasta en algo grave se llega a creer.

¡Qué cara tenía la costurerita
qué ojos más extraños , esa tardecita
que dejó la casa para no volver!...
[


LA TENTACIÓN.
De Juana de Ibarbourú, en su libro El cántaro fresco.

Cualquier color que busquéis en mi cesto e costrura, habréis de hallarlo. Tengo en él ovillos de lana de todos los colores. Y mientras mi hijo, convaleciente, duerme, me pongo a tejer junto a la ventana, vigilando su sueño. Tienen una dulzura infinita estas tardecitas del mes de noviembre. Hay algunas un poco frescas aun este año, pero la mayor parte de ellas son tibias, de una maavillosa claridad. ¡Ha, cómo, con mirarlas firtivas, me dejo ganar por la tentación del camino! Las acacias están llenas de racimos blancos sobre sus espinas pardas; en las retamas parece que se hubiera desgranado todo el oro del mundo. Se diría que los álamos, al ser movidos por el viento cantan. ¡Qué hermoso debe estar el bosque! ¡Qué bonitos los trigales ondulantes y verdes! Esta noche, la luna ha de ser redonda, redonda como una gran medalla dorada. ¡Y en todo el campo debe de haber un olor tn bueno a gramilla, a rocío, a luna, a sauces!... ¡Juraría que una voz (quizás fue sólo el canto fugaz de un pájaro), desde la alta copa rumorosa del bambú, me ha dicho:
-¿Vamos?
Pero yo ya no puedo escaparme a corretear como antes por los caminos. Ahora tengo que ser seria y olvidar esas cosas. Ahora tengo que estar quieta junto a la ventana tejiendo ropita para mi niño. Ahoram en vez de interesarme por descifrar lo que dicen el viento, el río, los árboles, tengo que aprender los cuentos de Perrault y Scherezada para entrener a mi hijo.
.........
-¡Qué grande empieza a aparecer la luna tras los plátanos de la carretera!

jueves, 15 de diciembre de 2011

012. Tocadiscos Wincofon estereofónico.

Sergio Salvador va acumulando objetos a modo de plantearse una suerte de Museo Personal, cuando inaugure su quincho. En el estarán cosas que ha ido conservando en el camino de su vida, un andar que recorre el espacio que media entre Córdoba y Tierra del Fuego, entre su infancia y su madurez.
Su condición de operador de radio lo sitúa con amplia curiosidad sobre este objeto que por los años 60 representaba para los argentinos el sumun tecnológico en materia de escuchar música.
No era el Winco tradicional, era un producto más elaborado, con emisión estereofónica, adaptada a los discos con ese recurso que inicialmente fueron importados, pero que poco a poco se produjeron en el país.
El Wincofon que ahora espera su lugar en el "Museo Salvador" se salvó de ir a parar a la basura, un día en que su dueño, Beto Silva -cabañista de Estancia María Behety-, se preguntó para que le servía si el aparato se había quedado sin púa. Entonces el tocadisco, y todos sus discos cambiaron de domicilio, del campo a la ciudad.
La particularidad del sistema winco estaba dada por el brazo automático que se desplazaba cuando caía un disco de una serie de varios de ellos que eran ensartados, en el orden en que se los quería escuchar. El brazo acústico -pick-up- acompañaba la música surco a surco, y al llegar al final se retiraba y esperaba la llegada del siguiente. Era una suerte de continuado musical que entretenía por horas a sus usuarios, sin tener que hechar mano al equipo.
Los parlantes al tono tenían un cable no tan largo, con lo que se los podía colocar a izquierda o derecha favoreciendo entonces la llamada Alta Fidelidad, que en algunos discos venía representada por una jeringa.

También se podía adaptar una ubicación vertical, que se impuso cuando apareció la idea de la "columna sonora!.
Las marcas aparecen impecables aunque el aparato ya supera el medio siglo.

El selector de velocidades permitía escuchar discos de pasta muy antiguos, que giraban a escasa velocidad, y con limitada calidad de registro.

Por detrás del aparato aparecen "los periféricos".
En tanto que un número de matrícula permite saber lo que eran la producción masiva es estos tocadiscos.

Chiqui D, ha dicho: "Tecnicamente hablando el "Wincofon" era un artefacto que permitia hacer sonar discos de vinilo (45, 33 y 78 rpm), era una marca registrada de Winco".
"Pero historicamente, el "Wincofon" es parte de la vida misma de la generacion de los `60 para los porteños argentinos (ignoro como seria en el interior)
Wincofon, Ranser y Geloso son marcas registradas pero intimamente ligadas a esa generacion".
"El "Wincofon" presidia todos los "asaltos", donde se escuchaba el 33rpm "Refrescos Musicales" auspiciado por Coca-Cola, era un invitado de lujo en los cumpleaños de 15 y en las reuniones familiares".
"Y me permito discentir, no creo que todos sepan en la Argentina que es un Wincofon pues es un simbolo de una franja generacional".
"Hoy Wincofon, Ranser y Geloso son piezas para el museo de los recuerdos y suelen verse en las casas de antiguedades pero nadie los compraria.Creo que ni siquiera son esteticos como adornos pero son iconos de una etapa generacional y eso nadie podra negarlo".

En Mercado Libre se ofrece un wincofón en buen estado a $ 14500 o 6 cuotas de $ 2972; pero a Silva cuando lo compró una vez que salió de su servicio militar le representó un mes de sueldo. Y Segio no lo vendería por poca plata.


Plagada de basura se encuentra la emisora
y un tocadiscos que me abandonó,
Pinté a la compra y venta y el viejo que vendía
me dijo: "el ritmo y blues se escucha en Wincofón.
Tambien tengo vinilos entre Pinaps en el aparador"

El quía camino hacia la vitrina,
huy, cuando enchufó ese Wincofón.
Entraron a sonar viejas pastas del '50
de Muddy Waters y Willie Dixon.
El Winco no sonaba desde el año '70
y despidió frituras de un viejo rock and roll.


Letra de Blues Del Wincofón - Vudú - Sitio de letras.com
Coro:
Hey nena, cómo vas a bailar
cuando escuchés mi viejo Wincofón.
Hey nena, cómo vas a vibrar
cuando el viejo aparato entre en acción.

Si no tenés más pilas, si tu compact no camina,
si el lente de tu equipo se rayó,
no seas tan testaruda y no te hagás la dura,
cuando escuchés mi Winco se te ablanda el corazón.
Ya no pierdas más tiempo con la tecnología,
vení probá mi viejo Wincofón.

Coro

Plagada de basura...

Coro


Quien quera profundizar conocimientos sobre este juguetito de años idos puede darse una vuelta por http://blogdelwinco.blogspot.com

miércoles, 30 de noviembre de 2011

011. Ejemplar del Martín Fierro ilustrado por Castagnino

En el mes de la tradición se dió este encuentro con un ejemplar del poema nacional de los argentinos escrito por José Hernández.

De gran formato -19 x 39,5 cm- corresponde a la versión de Santiago M.Lugones y Carlos A.Leuman que tuvo en EUDEBA -Editorial Universitaria de Buenos Aires- una primera edición en septiembre de 1962, de 50 mil ejemplares, siendo el ejemplar que ilustra esta entrega uno de los 50 mil que correspondieron en marzo de 1963 a la tercera edición.

Obra impresa en la Argentina, en días de auge de esta casa editora, fue un logro de Frigerio Artes Gráficas, en todo lo atinente al diseño, en tanto que la impresión en offset fue un logro de la casa Jacobo Peuser.

La historia de este ejemplar

se relaciona con el derrotero de vida de Olivia Castro, chilena radicada en Israel, desde donde nos remitió el libro.

Se remonta a su infancia en Nacimiento, y a la lectura que prodigaba su padre de este libro cargado de sabiduría, de alguna manera un ejemplar de autoayuda criollo que excedía los límites de la propia argentina.

Olivia nos cuenta de su relación con una familia judía, de ascendiente polaco, que pasó por el exterminio de la Segunda Guerra Mundial, lo que condició luego la llegada de sobrevivientes a nuestro país. Cuando con el tiempo partieron hacia la tierra prometida llevaron de este suelo su admiración por el Martín Fierro.

Desde esa lectura intrafamiliar, y con el trato que tiene por relación de trabajo con Olivia, manter un idioma como es nuestro castellano. Es de pensar como en un hogar, o dos, o tres de Israel se habla circunstancialmente en nuestro lenguaje gauchesco..

Hablando de su realidad en Israel, Olivia nos cuenta que "un libro en español vale mucho dinero, y con el intercambio van de mano en mano, hasta que desaparece". Pero a este libro lo ha considerado muy especial "lo guardé porque me gustaba mucho, pero era tan delicado que se rompía de sólo mirarlos por eso se lo mandé ara que lo conserve, porque conmigo no le quedaba mucha vida". Olivia es de aquellas personas que se duerme con un libro y al amanecer el mismo aparece trajinado, en su cama, con la luz prendida y la tele.

Sobre las ilustraciones de Juan Carlos Castagnino.

Cuando en el año 2008 visitamos la ciudad de Rosario nos detuvimos ante el Museo Castagino que lleva el nombre de insigne maestro de las artes plásticas argentinas, que fue convocado a ilustral el libro que hoy presentamos en nuestro museo.

Wikipedia nos socorre:
Juan Carlos Castagnino, nació en Camet el 18 de noviembre de 19'08, y fallecido en Buenos Aires el 21 de abril de 1972.

Cursa estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes, para luego concurrir a los talleres de Lino Eneas Spilimbergo, a quien considerará siempre su maestro. .

A fines de las años 20 ingresa al Partido Comunista.

En 1933 integra el grupo que fundará el primer sindicato argentino de artistas plásticos. Ese mismo año expone en el Salón Nacional de Bellas Artes. Junto a Antonio Berni, Spilimbergo y el mexicano Siqueiros, realiza los murales en la Quinta de Natalio Botana en Don Torcuato, obra recientemente rescatada, novelada y cinematografiada..

En 1939 viaja a Paris, ciudad donde asiste al taller de André Lothe, y recorre el viejo continente perfeccionando su arte junto a Braque, Léger y Picasso, entre otros.

Regresa a la Argentina en 1941, y recibe el título de Arquitecto de la UBA..

Entre los premios que recibió se destacan el Gran Premio de Honor Salón Nacional (1961) la Medalla de Honor en Pintura de la Feria Internacional de Bruselas (1958)y el Premio Especial de Dibujo II Bienal de México en 1962.

Son muy difundidas sus ilustraciones para la edición del poema gauchesco Martín Fierro que efectuó la editorial Eudeba.. Se dirá que entonces "Logró darle un rostro definido al más popular de los personajes de la literatura argentina y constituyó el acontecimiento editorial del año"..

Colofón:

El viejo ejemplar enviado por Olivia tal vez pase al taller de encuadernación del maestro Jorge Fernández.



Olivia Castro y su hija, en Israel.

lunes, 31 de octubre de 2011

010. Jeringa de vidrio para inyecciones.

Artefacto de uso clinico perteneciente a Luís Buenaventura Cajal, Chopín 242, Lomas de Zamora.
Cajal se desempeñó a lo largo de su vida en el Instituto Malbrán. Instituto Nacional de Microbiología, en áreas importantísimas como brucelosis, peste, HIV, entre otras.
Esta jeringa de cristal era conservada por él, de la manera en la cual se usaba en su tiempo, en un tubo de ensayo, con una cobertura de papel atada con hilo. Situación en la cual era transportada luego del debido proceso de esterilización.
Internamente se puede ver con la aguja. Y también un algodón.
Fue imposible extraer el émbolo, dado que el mismo con el tiempo permanece adherido al cuerpo de la jeringa.

Detalles técnicos:

Marca M-D YALE. Becton, Dickson & Co. Made in U.S.A. Aguja sin marca, tubo de ensayo idem, tal vez fabricado en el Instituto.
Capacidad 20 cc. Punta de metal.

Historia de la jeringa hipodérmica.

De una investigación de Conti González Baez, extraemos el siguiente informe:

Desde la Antigüedad se pensó en evitar el dolor, introduciendo sustancias en el interior del organismo a través de la piel y directamente en los músculos o la sangre.

Los griegos inventaron un instrumento rudimentario, una vejiga con una caña, que hacia finales del Siglo XV se transformó en las famosas lavativas.

Los primeros intentos de usar algo similar a una jeringuilla se realizaron en el Siglo XVII, cuando se intentó inocular medicamentos analgésicos justo en el lugar afectado por el dolor.

A principios del siglo XIX se descubrió la morfina, sustancia que fue recibida con gran entusiasmo, siendo considerada “el medicamento más notable descubierto por el hombre”.

En 1836, el médico francés Lafargue introdujo morfina bajo la piel, mediante el empleo de una lanceta que forzó en posición casi horizontal. Ocho años más tarde, el médico irlandés Frances Rynd introdujo el uso de una aguja metálica para calmar el dolor de una paciente con neuralgia del trigémino.

El objetivo se consiguió definitivamente a mediados del siglo XIX. Alexander Wood, Secretario del Real Colegio de Médicos de Edimburgo, en el Reino Unido, había estado experimentando con una aguja hueca para la administración de drogas en la corriente sanguínea y en 1853 inventó la jeringa hipodérmica.

Su invento le permitió inyectarle morfina a su esposa, que padecía un cáncer incurable. La Sra. Wood fue la primera persona en recibir la droga por esa vía, pero también la primera en adquirir el “hábito de la aguja”.

El buen Dr. Wood obtuvo el aplauso del mundo entero por su invención, pero pagó caro su descubrimiento. Tristemente, su esposa murió por una sobredosis de morfina.

Por las mismas fechas, el cirujano Charles Gabriel Pravaz de Lyon, Francia, diseñó una jeringa hipodérmica similar, precursora de las actuales. La dosificación se conseguía dando vueltas al eje de un pistón. Pronto se popularizó el uso de la “Jeringa Pravaz” en diversas cirugías.

El inglés Williams Fergusson simplificó la jeringa y el fabricante Luer la industrializó. Muchas dificultades que habían enfrentado quienes experimentaban con transfusiones de sangre desaparecieron con la invención de la jeringa hipodérmica, con su afilada aguja hueca.

El invento propició el uso indiscriminado de la morfina como un remedio contra todo tipo de dolores. La trágica muerte de la Sra. Wood como consecuencia de su adicción debió haber sido una advertencia para los médicos, pero no sucedió así.

Sin ninguna base científica, afirmaban que si administraban la morfina por vía oral, se originaban trastornos porque no sabían con exactitud qué dosis dar. En cambio, si lo hacían a través de la fina agujita del Dr. Wood, sabían exactamente cuánta inyectar, los resultados eran más rápidos y no producía hábito.

Con la bendición de los médicos, la morfina se introdujo en las venas de todo paciente que sufría de gota, reumatismo o hasta dolor de muelas.

Como analgésico insuperable, fue empleada masivamente para aliviar el sufrimiento de los heridos en la Guerra Civil de los Estados Unidos, pero muchos combatientes regresaron a sus hogares adictos a la morfina. Se calcula que esta contienda creó más de un millón y medio de morfinómanos.

Para ahorrarse largos viajes, algunos médicos despreocupados aconsejaban a sus pacientes que consiguieran una jeringa hipodérmica para ponerse ellos mismos las inyecciones de morfina.

La guerra Franco-Prusiana de 1870 creó una situación idéntica en Europa. La “enfermedad del soldado" se disparó y la Medicina se encontró con el problema de desintoxicar a millones de adictos.

Esto era algo que los brillantes químicos y médicos no habían previsto: la morfina era un arma de dos filos. Muchos siglos antes, en la vieja China ya se había escrito con terrible claridad: "si bien sus efectos son rápidos, debe usarse con mucho cuidado porque mata como un cuchillo".

Químicamente hablando, debería llamarse diacetilmorfina. Pero el nombre era demasiado complicado y llamó a esta heroica droga, “heroína”.

Ningún medicamento fue recibido con más entusiasmo que la heroína, hasta que se comprobó que podía crear un hábito aún más infernal que el de la morfina.

Estas duras lecciones enseñaron a los hombres de ciencia y a los médicos la regla número uno para la investigación de nuevos medicamentos: "Nunca se administrará a un paciente droga alguna que sea más peligrosa que la enfermedad que padece".

Por otro lado, los legisladores tomaron nota de cómo dos sustancias consideradas milagrosas se convirtieron en una pesadilla y a principios del Siglo XX aparecieron leyes controlando la producción de narcóticos, para proteger a la población de sus peligros.

Volviendo a la historia de las jeringas, durante el siglo pasado hubo importantes mejoras. Benjamin A. Rubin inventó la aguja de vacunación, una versión refinada de la aguja convencional.

La historia cambió definitivamente cuando el estadounidense Arthur Smith patentó una jeringa desechable en 1950.

Terminaban de esta manera los riesgos dados por uns esterilización deficiente.


martes, 20 de septiembre de 2011

09. Radio receptor TONOMAC Súper Platino.


Esta radio que hizo época luce en la vidriera de Rivadavia y Rosales desde hace algunas semanas.

Allí fue llevada por su dueño Osvaldo Decaneo quien la adquirió cerca de 1978.

Artefacto de fabricación nacional originado en TONOMAC S.R.L. con doble sistema de alimentación: Electricidad o cuatro pilas de 1.5 (pilas grandes) 220 vca 50 G2/6vac.

Su dial ofrecía recepción en FM, Onda Larga, y Onda corta. +

Habiéndola adquirido en Río Grande tuvo que esperar hasta fines de 1980 para poder decepcionar la señal casi exclusivamente musical de Radio Nacional: 88.1.

La Onda Larga, pensada en el gran público porteño, apuntaba en forma impresa la ubicación aproximada de 18 señales, iniciándose con la uruguaya Radio Colonia.

La Onda Corta presentaba cuatro bandas, de 19, 25, 39 y 49 metros.

Originalmente tenía una antena telescópica que ya se ha roto, en ella Decaneo conectaba un cable de cobre hasta la cañería del agua, optimizando la recepción de Onda Corta. Al dorso estaba la salida de cable a tierra.

Al frente presenta un botón de encendido, y tres perillas: tono, volumen y sintonía.

Fue adquirida en la Asociación Mutual del Personal de YPF, que por entonces bajo la gerencia de Ulises Faletti funcionaba al cuatrocientos de la calle Perito Moreno.

Osvaldo recuerda la sintonía internacional que le permitía entre las 22 y las 23.30 hs. tener buena recepción de varias emisoras lejanas: la radio de China, BBC, Bon Aire –de las Antillas Holandesas-, y la señal de Radio Moscú que a cierta hora tomaba el nombre de Radio Magallanes, con un mensaje dirigido a Chile, distanciado diplomáticamente de la URSS luego de la caída del gobierno de la Unidad Popular, su slogan era “la radio que el fascismo no pudo acallar”.

En Mercado Libre la ofrecen a $ 25000 o 6 cuotas de $ 50.

Maldita TONOMAC.

En el www.ideasperonistas.com.ar encontramos un escrito vivenciado bajo un título que en esta entrega es para nosotros el subtítulo precedente.

Nos sitúa en una situación vivencial cercana, ocurrió en Río Gallegos, en un tiempo en que una buena recepción radial estaba garantizada por este artefacto:

Malvinas cada tanto duele, en especial por las mañanas. En particular si esas mañanas destellan escarchas antigravitacionales… de esas que no entendés como carajo penden de la nada misma. En especial si el sol aún no asoma sus rayos, lo cual en esta época sucede casi llegado el mediodía, eso si acaso no esta nublado.

Los recuerdos que vienen a mi mente son difusos, tal vez sean las ganas de olvidar ciertos episodios, quizás solo sea el paso de los años… pero están, y cada tanto vuelven.

Aquella madrugada del 2 de Abril comenzó como casi todas las mañanas en familia. Mi vieja solía levantarme tipo 6:30, eso me daba tiempo suficiente para prepararme y esperar el colectivo escolar. El recorrido era corto, pero las calles se tornaban imposibles con el hielo. La verdad hinchaba un poco las pelotas levantarse con ese frío, ¡me cago en Sarmiento!… como se nota que no vivió en Río Gallegos.

Esa mañana fue distinta, algo provocó que nos despertemos mucho más temprano.

Nuestra casa era pequeña, una de esas casas FONAVI que apuntaban al hacinamiento más que a la comodidad, una más en un barrio obrero. Calculo que Le Corbusier hubiera muerto del espanto, pero allí se desarrollaron algunos de los mejores años de mi vida.

El Barrio era y es conocido como el 366, curiosa costumbres de identificar por la cantidad de viviendas. Hubo así un 499, un 400 departamentos, un 40 viviendas y la lista sigue. En si, un símbolo más del desarraigo que se hace carne en la inmensidad de la Patagonia Sur.

Fue una puteada de mi viejo la que atravesó las delgadas paredes, y de fondo una suerte de marcha que jamás había escuchado hasta ese día.

Tras su manto de neblinas distorsionaba frecuencias en la vieja Tonomac.

Mi viejo salio casi corriendo esa mañana, el camino era largo, llegar a cualquier campamento de YPF era una travesía. Ripio, nieve, viento, camionetas flojas de papeles y amortiguadores… y nadie hablaba de stress por aquellos tiempos. En realidad, se hablaba poco por aquel entonces.

Yo estaba en 4º, el famoso 4º B., famosos por quilomberos y llevar revistas del sindicato a clase. Debo reconocer que era algo casi suicida, pero yo las llevaba igual.

Cuando entre al Colegio esa mañana – el Glorioso Salesiano de Río Gallegos - todo era un hervidero. Los hijos de militares, nuestros compañeros y amigos del cole, traían más noticias. Debo reconocer que esa mañana me entere de la existencia de Malvinas. Para que voy a mentir, es así.

¡Tomamos Malvinas!

Dijo el Patón Silva, uno de los mejores jugadores de chupi* que conocí en mi vida. El no era hijo de milicos, pero tranquilamente podría haberlo sido. Todos eran hijos de militares.

*El tipico juego de figus, que consiste en dar vuelta las mismas golpeandolas con la palma de la mano.

El relato sigue, pero el protagonismo de TONOMAC sirvió para titular los recuerdos de un chico de 9 años. ¿No habrán otros recuerdos TONOMAC en gente de distintas edades?


YO TAMBIEN TUVE UNA TONOMAC.

Se compró cuando entre a trabajar en LRA 24, y era un modelo anterior a este. La prestamos a una matrimonio amigo cuando en casa entre un centro musical HITACHI. Ellos la tuvieron hasta que se divorciaron. En el reparto de bienes pasó a ser patrimonio de la señora, ella la sigue escuchando en su cocina, donde solo se sintonizan aemes.

lunes, 1 de agosto de 2011

08.SIMON



Juego electrónico propiedad de Silvia Cabrera, funciona con cuatro pilas grandes.
Hay que seguir una secuencia de luces, se prende la amarilla y el jugador debe apretar ese color, sigue después la amarilla y la roja, sigue el jugador, y así sucesivamente, incrementando la velocidad. En este juego se pueden elegir diferentes juegos y velocidades. Hay una selección aleatoria en el juego que genera estímulos visuales y auditivos.

Según ella recuerda fue adquirido para ser el principal regalo el día 7 de mayo de 1980, regalo de cumpleaños. Según lo compró su padre de agrandado, como vio que tenía muchas luces y pensó que era difícil de seguir.
Mi papa, creo que lo compro mas para él que para mi –dice nuestra amiga- , ya que quedo en mi casa yo lo recupere en el 2000 y durante todos esos años se que el jugo con los nietos de su esposa”.
Y el aparato nos desafía después de 30 años. u precio fue de 3,50 pesos argentinos, esta el valor en la caja, tenia la costumbre de poner fecha y costo
El Simon fue creado por el llamado ”padre de los videojuegos” Ralp Baer en 1978. Tuvo un gran éxito durante la década siguiente.Tiene forma de disco, en una de sus caras se puede ver cuatro cuadrantes, cada uno con un color: verde, rojo, azul y amarillo en su versión original. Su nombre se debe por el conocido juego tradicional del mismo nombre: Simón dice*, de donde se inspira.
Actualmente se puede jugar al Simon por Internet, pero no tiene la misma emotividad que el que aquí recordamos.
*Simón dice es un juego para tres o más personas. Uno de los participantes es el que dirige la acción. Los otros deben hacer lo que Simón dice. El truco está en la frase mágica que es "Simón dice". Si Simón dice "Simón dice salta", los jugadores deben saltar o quedan eliminados. Si Simón dice simplemente "salta", no deben saltar o quedarán eliminados igualmente. En general, es el espíritu del mandato lo que importa, no las acciones; si Simón dice "Simón dice que toques la punta del pie", el jugador debe demostrar solamente que está intentando tocar sus dedos del pie. Lo que se pone en juego es la capacidad distinguir entre las peticiones válidas e inválidas, más que demostrar la capacidad física de hacerlo. Es tarea de Simón intentar conseguir que cada uno quede fuera lo más rápidamente posible, y es trabajo de cada uno permanecer 'dentro' tanto tiempo como sea posible. El último de los seguidores de Simón en mantenerse gana. Los participantes suelen ser niños, y no siempre el juego termina en el final.